Fiscal Anticorrupción sigue bajo la lupa: El historial que mantiene abiertas las dudas sobre El Bayo Valenzuela

Fiscal Anticorrupción sigue bajo la lupa: El historial que mantiene abiertas las dudas sobre El Bayo Valenzuela

Hay personajes cuya sola presencia en la nómina pública representa un insulto vil para la ciudadanía, pero Abelardo Valenzuela Holguín —el nefasto “Bayo”— como titular de la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción del Estado de Chihuahua trasciende el cinismo para convertirse en una abierta provocación y en una cueva de mercenarios. Colocar a

Hay personajes cuya sola presencia en la nómina pública representa un insulto vil para la ciudadanía, pero Abelardo Valenzuela Holguín —el nefasto “Bayo”— como titular de la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción del Estado de Chihuahua trasciende el cinismo para convertirse en una abierta provocación y en una cueva de mercenarios. Colocar a un operador ruin, cuya trayectoria apesta a chantaje, trampas de alcantarilla, opacidad y simulación, al frente del organismo que debería encarcelar a los corruptos es la prueba irrefutable de que la justicia en la entidad no es más que una letrina al servicio del poder. “El Bayo” no persigue la corrupción; es su criatura más acabada, un parásito que ha hecho de la trampa su modus vivendi y que despoja de toda autoridad moral a cualquier investigación o carpetazo que salga de sus oficinas.

La carrera de este sujeto no se construyó con inteligencia, solvencia profesional ni rigor legal, sino sobre el estiércol de las crisis que él mismo provocó. La memoria colectiva no olvida la podredumbre que desató en el invierno de 2007, cuando arrastró al Partido Acción Nacional (PAN) en Ciudad Juárez al basurero de la historia. En medio de un proceso interno para renovar el Comité Directivo Municipal donde los demás aspirantes demostraron dignidad y se sometieron a los exámenes toxicológicos para probar que estaban limpios de cara a la militancia, “El Bayo” quedó al desnudo. Las sospechas de consumo de sustancias y los resultados que lo acorralaron no fueron enfrentados con la entereza de quien se sabe inocente, sino con la cobardía del acorralado que prefiere prenderle fuego a la casa antes que dar la cara.

Lejos de limpiar su nombre, Valenzuela Holguín saboteó el proceso, descalificó a su propio partido y desplegó una maña jurídica asquerosa para evitar que la verdad saliera a la luz. Su negativa rotunda a someterse a una contraprueba transparente dinamitó la elección programada para el 2 de diciembre de 2007, provocó la humillante defenestración de la dirigencia local —encabezada por José Sigala Valero—, forzó la intervención de la dirigencia nacional e impuso un comité provisional tras dejar una peste de desconfianza que jamás se sacudió. Ese es el verdadero expediente de “El Bayo”: el de un traidor a la ética, un tipo que ante el menor cuestionamiento sobre su adicción o sus trampas reacciona con chantaje y destrucción.

El ascenso de este mercenario es el retrato de cómo el sistema premia la basura. Años atrás, cuando la cúpula panista le exigió una mínima muestra de decencia y le pidió repetir el examen toxicológico que lo mantenía bajo sospecha en la frontera, Valenzuela mostró su verdadera calaña: se atrincheró en el chantaje, pisoteó la institucionalidad y demostró que para él las reglas sencillamente no existen. En cualquier sociedad con un mínimo de dignidad, un tipo atrapado en semejante escándalo habría sido desterrado para siempre de la función pública. Pero en el Chihuahua de la complicidad, la falta de escrúpulos de “El Bayo” fue vista como una virtud por los grupos de poder que necesitaban a un perro de presa sin conciencia para protegerse las espaldas.

¿Con qué cara pretende este fiscal de pacotilla exigir honestidad, pruebas e integridad a los servidores públicos cuando su propia historia despegó a la sombra de la mentira, la duda toxicológica y el encubrimiento? Cada acusación que sale de la boca de “El Bayo” nace muerta, contaminada por la falta absoluta de credibilidad de un hombre que jamás pudo probar su propia pulcritud. Que hoy este mismo personaje despache desde la máxima magistratura anticorrupción del estado no es una ironía, es una aberración sangrienta que devalúa cada expediente que toca. Abelardo Valenzuela es la encarnación del cinismo oficial, un funcionario sin honor cuya única herencia será haber llevado la procuración de justicia en Chihuahua al nivel más bajo, viciado y nauseabundo de su historia reciente.

Posts Carousel

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked with *

Error while loading reCapcha. Please set the reCaptcha keys under Theme Options in admin area

Latest Posts

Top Authors

Most Commented

Featured Videos